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Castillo de Santa Bárbara: mil años en lo alto del Benacantil

Domina la ciudad desde 167 metros de altura y guarda diez siglos de historia. Esto es lo que el Castillo de Santa Bárbara cuenta a quien sube.

1 de mayo de 20267 min de lectura
Cityscape with a castle and mediterranean sea.

Cuando levantas la vista en cualquier calle del centro de Alicante, ahí está. La mole de piedra clara recortándose contra el cielo mediterráneo, las murallas que parecen brotar de la roca como si fueran parte de ella, las banderas ondeando a 167 metros sobre tu cabeza. El Castillo de Santa Bárbara no es un detalle del paisaje alicantino: es el paisaje. Y lleva mil años siéndolo.

Asomar la cabeza por el balcón del Macho del Castillo y mirar hacia abajo es una experiencia que cuesta describir. A un lado, la bahía entera con la Playa del Postiguet recortada en arena dorada. Al otro, el casco antiguo de Santa Cruz colgando de la ladera, sus calles empinadas y casas blancas escalonadas. Detrás, la sierra. Por delante, el mar abierto hasta Tabarca. El Monte Benacantil, calcarenita y marga del Mioceno, hace que esta sea una de las mejores atalayas naturales de toda la costa española.

Mil años de piedra

El origen de la fortaleza actual hay que buscarlo a finales del siglo IX, cuando los musulmanes que ocupaban Al-Ándalus levantaron aquí una alcazaba. La elección fue pura geografía: desde el Benacantil se ve venir cualquier flota a millas de distancia, y la pared sur del monte hace prácticamente imposible un asalto frontal desde el mar. La fortaleza fue creciendo durante los siglos taifas y almohades, hasta que el 4 de diciembre de 1248, festividad de Santa Bárbara, el infante Alfonso de Castilla (futuro Alfonso X el Sabio) la tomó a las tropas musulmanas. De ese día le viene el nombre que todavía lleva.

Tres recintos, tres siglos

Pasear por el castillo es atravesar capas de tiempo. La fortaleza está organizada en tres recintos a alturas distintas, cada uno construido en una época diferente.

El recinto más alto es La Torreta, donde se levantaba la antigua Torre del Homenaje y donde se conservan los vestigios más antiguos, de los siglos XI al XIII. Un escalón más abajo está el Macho del Castillo, la explanada principal, que corresponde a las dependencias completadas en 1580 bajo Felipe II: el Salón de Felipe II, los antiguos cuarteles que dan a la gran Plaza de Armas, el Baluarte de la Reina. Es la parte que visualmente domina el conjunto. Y por último, el recinto inferior, del siglo XVIII, alberga el Revellín del Bon Repós, hoy convertido en zona de aparcamiento.

La mina que partió un castillo en dos

De todos los episodios que ha vivido el castillo, ninguno le marcó tanto como la Guerra de Sucesión. En 1706 la flota inglesa, aliada del archiduque Carlos de Austria contra Felipe V, desembarcó en Alicante y tomó el castillo. Lo mantuvo hasta diciembre de 1708, cuando el caballero francés D'Asfeld, enviado por Felipe V, recuperó la ciudad y planteó un asedio metódico para recuperar también la fortaleza.

Lo que ideó D'Asfeld fue casi propio de una novela: ordenó excavar una mina de veintinueve metros de profundidad bajo el Benacantil y rellenarla con pólvora. Los trabajos duraron de diciembre de 1708 al 28 de febrero de 1709. La madrugada del 4 de marzo, la mina estalló. La explosión fue terrible. El gobernador inglés Richards, doce de sus oficiales y cuarenta y dos soldados desaparecieron literalmente, devorados por la deflagración. Los ingleses resistieron hasta el 20 de abril de 1709, fecha en la que abandonaron el castillo y Alicante quedó como la última plaza valenciana en liberarse del bando del archiduque. Hoy puedes bajar a la Cueva de los Ingleses, las galerías de aquella mina, ahora reconvertidas en sala de exposición del MUSA.

La cara del moro, vista desde el Postiguet

Mira el Benacantil desde la Playa del Postiguet con luz lateral, al atardecer o al amanecer, y verás un perfil humano tallado en la roca. Nariz, frente, labios, barbilla. La leyenda dice que es la cara petrificada de un caudillo musulmán, padre de Cántara, princesa enamorada de un joven cristiano llamado Alí. Cuando los amantes fueron descubiertos y el muchacho ejecutado, Cántara se arrojó desde lo alto del monte. El padre, devorado por el dolor, fue petrificado por Alá como castigo eterno, y su rostro quedó marcado en la ladera.

De los nombres de los amantes, Alí y Cántara, dice la tradición popular que viene el de la ciudad: Alicante. Es etimología romántica más que rigurosa (el topónimo procede del latín Lucentum y de su transformación árabe Laqant), pero la leyenda es lo bastante hermosa como para que cualquier alicantino te la cuente con cariño la primera vez que mires al monte desde la arena.

Un museo encajado en una fortaleza

Desde 1963 el castillo está abierto al público (fue declarado Bien de Interés Cultural en 1961, por Decreto 2078/1961 de 13 de octubre) y desde hace años aloja el MUSA, el Museo de la Ciudad de Alicante. Sus cinco salas se reparten por las antiguas dependencias militares: el edificio del Cuerpo de Ingenieros (centro de recepción), el antiguo Hospital, la Sala Larga, las salas de la Cueva de los Ingleses dedicadas a la voladura de la mina de 1709 y la Casa del Gobernador. Una cisterna renacentista cierra el conjunto. El Salón de Felipe II, con capacidad para 350 personas, es hoy escenario de cenas, conciertos y exposiciones temporales.

Cómo subir

Hay tres caminos. A pie, por la Senda del Macho subiendo desde el barrio de Santa Cruz: alrededor de una hora de cuestas exigentes, pero con vistas que premian cada metro. En coche, hasta el aparcamiento del Bon Repós, en el recinto inferior. O con el ascensor que arranca enfrente de la Playa del Postiguet, en la avenida Juan Bautista Lafora: una entrada discreta tallada en la roca, un túnel horizontal y una cabina que te eleva al corazón del castillo. Cuesta 2,70 euros por trayecto en tarifa general y es gratuito para mayores de 65 años, niños menores de 5 y miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad de servicio.

La entrada al castillo es libre. Los horarios cambian con la estación: del 15 de noviembre al 27 de febrero, de 10:00 a 18:00; del 28 de febrero al 16 de junio, de 10:00 a 20:00; del 17 de junio al 4 de septiembre, de 10:00 a 23:00; y del 5 de septiembre al 14 de noviembre, de 10:00 a 20:00. La última subida del ascensor es 40 minutos antes del cierre y la última bajada, 20 minutos antes. En enero de 2026 el ascensor cerró cinco días por mantenimiento (del 12 al 16), una pausa anual habitual que conviene comprobar en castillodesantabarbara.com antes de planificar la subida.

El monumento más visitado de la Comunitat

En 2024 subieron al castillo 950.210 personas, un récord histórico que creció un 17% sobre las cifras de 2023. El 63,17% accedió por primera vez, y casi siete de cada diez visitantes tenían entre 18 y 55 años. La nacionalidad más representada fue la británica (10,38%), seguida de la francesa (10,25%), después polacos, italianos, alemanes, holandeses y noruegos. El mes de mayor afluencia, agosto, con 100.203 visitas. El Castillo de Santa Bárbara es el monumento más visitado de toda la Comunitat Valenciana, y lo es siendo gratis. Esa coincidencia, la fortaleza más codiciada de Alicante con la entrada más barata de España, sigue siendo una de las pequeñas victorias civiles de esta ciudad.

Subir al atardecer y verlo todo desde arriba (Tabarca a la izquierda, la sierra a tu espalda, el casco antiguo a tus pies, el sol cayendo sobre el mar al fondo) es uno de esos momentos en los que entiendes por qué la gente que llega a Alicante se queda a vivir. La piedra ha visto mil años de esto. Y promete mil más.

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Fuentes

Foto de joanna hall en Unsplash

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