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Hogueras de San Juan: cómo arde Alicante en junio

Del 20 al 24 de junio se plantan casi doscientas hogueras y a medianoche del 24 arde la ciudad entera. Así se vive la fiesta grande de Alicante.

24 de abril de 20267 min de lectura
A large bonfire burns brightly at night.

A las dos de la tarde del 20 de junio, la plaza de los Luceros no respira. Suena un silbido, una primera explosión rompe el aire, y durante cinco minutos la ciudad entera se queda suspendida en un ritmo de pólvora que no se escucha: se siente en el pecho. Eso es una mascletà. Y eso es solo el principio.

Las Hogueras de San Juan son la fiesta grande de Alicante. Del 20 al 24 de junio la ciudad arde literalmente, y después, del 25 al 29, sigue ardiendo en forma de castillos de fuegos sobre la playa del Postiguet. Si te estás planteando vivir en la Costa Blanca, estas noches de junio son una lección acelerada de lo que significa esta ciudad.

Una fiesta joven con una raíz antigua

El primer documento que habla de hogueras en las calles de Alicante es un bando municipal de 1822 que prohíbe encenderlas. Durante décadas la tradición sobrevivió a escondidas, hasta que en 1881 el Ayuntamiento olvidó publicar la prohibición y los vecinos recuperaron la calle con música, juegos y los primeros ninots, figuras satíricas que señalaban a los poderosos del barrio.

La fiesta moderna nace el 22 de marzo de 1928. Ese día la sociedad Alicante Atracción convocó una reunión para inventar, desde cero, una celebración capaz de atraer turismo a la ciudad. La propuesta la lideró José María Py y Ramírez de Cartagena, pintor y escultor gaditano afincado en Alicante que había visto nacer las Fallas en Valencia. En junio de 1928 ardieron nueve hogueras. La de Benalúa ganó el primer concurso.

Hoy las Hogueras están declaradas Fiesta de Interés Turístico Internacional desde 1983 y Bien de Interés Cultural Inmaterial por decreto 222/2014 de la Generalitat Valenciana. Casi doscientas comisiones plantan monumentos cada junio. Benacantil las mira desde arriba, como lleva haciéndolo siglos.

20 de junio: la plantà

La fiesta grande empieza con la plantà. En la madrugada del 20 al 21 de junio, cada comisión termina de montar su hoguera en la calle. Monumentos de cartón y madera, algunos de más de quince metros, aparecen donde el día anterior solo había asfalto. Por la mañana, cuando abres la ventana, el barrio ha cambiado.

Hay una hoguera oficial en la plaza del Ayuntamiento y otra infantil a su lado. Son las que marcan el ritmo de los actos centrales. Pero la fiesta vive en los distritos. Pasear del Raval Roig al mercado, subir hasta San Blas, cruzar a Benalúa, es recorrer una exposición al aire libre que no volverá a existir en la misma forma.

Cada día a las 14:00: la mascletà

A partir del 19 de junio, y durante los seis días centrales, la plaza de los Luceros acoge a mediodía el concurso de mascletàs. Doce pirotecnias compiten por disparar el espectáculo diurno más denso del calendario español después de Valencia. El presupuesto de cada disparo supera los 8.500 euros. No hay color, no hay imagen: solo ritmo, humo y una onda expansiva que aprendes a oír con las costillas.

Los alicantinos llegan antes de las 13:30, ocupan cada balcón, se tapan los oídos con los dedos y esperan. A las 14:00 en punto empieza. Cinco minutos después, los aplausos tapan los últimos petardos.

Entre medias: ofrendas, pregones y desfiles

La semana intercala actos ceremoniales que merecen el paseo. La Ofrenda de Flores a la Virgen del Remedio recorre Alfonso el Sabio, la Rambla de Méndez Núñez, San José, la Concatedral de San Nicolás, Rafael Altamira y plaza del Ayuntamiento. Miles de belleas y damas con traje tradicional depositan ramos a los pies de la patrona. La Entrada de Bandas atraviesa Luceros y baja por la Rambla hasta el Ayuntamiento. El Desfile del Coso Multicolor, el último día, inunda Alfonso X el Sabio de confeti de colores antes del castillo final de fuegos.

24 de junio a medianoche: la palmera y la cremà

Este es el momento. A las 00:00 del 25 de junio, desde la cima del monte Benacantil, por encima del castillo de Santa Bárbara, se dispara la palmera. Son unos 1.150 cohetes de luz blanca perla que caen sobre la ciudad como una cascada en dieciocho segundos. La tradición nació en 1932 y es la señal de salida de la nit de la cremà.

Tras la palmera arde primero la hoguera oficial infantil, luego la oficial de adultos en la plaza del Ayuntamiento, y a continuación los distritos queman sus monumentos uno a uno. Los bomberos, con mangueras a toda presión, mantienen a raya el fuego y, de paso, mojan al público. Eso es la banyà: la forma alicantina de resistir el calor y celebrar el instante más intenso de la fiesta. Agua fría, ceniza en el aire, gente empapada cantando. En 2024, la banyà de la hoguera oficial llegó a teñirse de verde en una campaña de reciclaje de vidrio con Ecovidrio.

25 al 29 de junio: castillos de fuegos en el Postiguet

Cuando las hogueras se han convertido en brasas, la fiesta cambia de escenario. Cinco noches seguidas, la playa del Postiguet acoge el concurso internacional de fuegos artificiales. Este año el disparo se plantea desde la arena, a la altura del Paseíto Ramiro. Cada castillo dura al menos quince minutos y está presupuestado en torno a los 19.000 euros.

La playa se llena horas antes. Familias con manta, vecinos sentados en el paseo, turistas con móvil en alto. A medianoche se apagan las farolas del paseo marítimo y el Mediterráneo devuelve el reflejo de cada explosión. El Benacantil queda detrás, oscuro y atento.

Los racós: donde vive la fiesta

La hoguera no es solo el monumento que arde. Es también un racó, un espacio vallado en la calle donde cada comisión pone mesas, cocina y baila durante las noches. Allí se come coca de atún, brevas y arroz, se bebe vino del país y paloma, se escucha música en vivo. Las comisiones abren mesas y pulseras a quien quiera unirse, y varios distritos del centro venden plazas a vecinos y turistas sin comisión asignada.

Una sentencia reciente ha confirmado que los racós y las barracas tienen preferencia sobre las terrazas de los bares durante la fiesta. Las Hogueras son la calle. Los bares, durante estas noches, se adaptan a ella.

El ninot indultat y el museo

Antes de la plantà, todas las comisiones presentan un ninot, una figura representativa del monumento, en una exposición colectiva. El público vota. El ninot indultat, el más votado, se salva de las llamas y pasa a la colección permanente del Museo de Hogueras, en la Casa de la Festa de la Rambla de Méndez Núñez. Es una manera de recorrer un siglo de fiesta en una sola sala. Si vienes fuera de junio, es la puerta de entrada natural.

Cómo vivirlo si no eres de aquí

Unas recomendaciones prácticas desde la experiencia local. Reserva alojamiento con meses de antelación: el Casco Antiguo, Benalúa y el centro histórico se llenan primero. Lleva tapones blandos de silicona para la mascletà. Vístete ligero, llévate una muda para la banyà y zapatillas que puedas ensuciar de ceniza. Apunta un par de racós abiertos al público y planea cada día alrededor de la mascletà de las 14:00 y los actos de noche.

Y sobre todo, date tiempo. Una Hoguera no se ve: se recorre, se huele, se escucha. Llevas pólvora en la ropa durante días, y el Mediterráneo al otro lado, esperando.

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Fuentes

Foto de Boris Dobretsov en Unsplash

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