Concatedral de San Nicolás: la cúpula de 45 m sobre Alicante
El templo herreriano que Agustín Bernardino levantó entre 1613 y 1662 sobre una vieja mezquita, hoy concatedral de Orihuela-Alicante desde 1959.
Sales del bullicio de la Rambla Méndez Núñez, doblas por la Plaza del Abad Penalva y, de pronto, el ruido se cae al suelo. Delante tienes una fachada dórica, sobria, casi muda, que no anuncia nada. Empujas la puerta. Dentro, una nave inmensa se abre como un silencio. Estás en la Concatedral de San Nicolás de Bari, sede compartida del obispo de Orihuela-Alicante desde 1959 y, para los alicantinos, simplemente la catedral.
La piedra que sustituyó a la mezquita
Antes de la Concatedral hubo una iglesia gótica del siglo XV. Antes de la iglesia gótica, en ese mismo solar, hubo una mezquita. La memoria del lugar se apila por capas, como casi todo en el casco antiguo: aquí se rezaba ya en el Medievo musulmán, cuando los habitantes de la Madinat Laqant levantaban la cabeza hacia La Meca. Hoy del antiguo claustro gótico apenas se conservan trazas, y del oratorio islámico, ni eso. Pero la planta no se ha movido, y la decisión de levantar templo cristiano sobre la antigua mezquita se atribuye, por tradición, al infante Alfonso, futuro Alfonso X el Sabio, en la festividad de San Nicolás de 1244.
1613 a 1662: la mano de Agustín Bernardino
Cuando el siglo XVI gira hacia el XVII y la iglesia gótica empieza a quedarse pequeña, Alicante decide construir de nuevo. La traza se encarga a Agustín Bernardino, arquitecto valenciano, discípulo directo de Juan de Herrera, el hombre que había levantado El Escorial. Su estilo se llama herreriano: planta de cruz latina, paramentos lisos, pilastras dóricas, casi nada de adorno. Los planos se firman entre 1610 y 1615. Los cimientos se abren en 1613. La nave se levanta despacio, atravesando guerras, pestes y arcas vacías, hasta que en 1662, casi medio siglo después, la cubierta queda cerrada.
El resultado es un templo extraño en una ciudad mediterránea: nada de policromía, nada de barroco efusivo, ninguna pirueta de retablo. Sólo piedra, proporción y luz. La fachada principal es de orden dórico; la lateral, sobre la Plaza del Abad Penalva, de orden jónico. Es la arquitectura del rigor castellano trasplantada a una ciudad de cal y palmera.
La cúpula que vigila el casco antiguo
Sal a la calle, retrocede unos pasos y mira hacia arriba. La cúpula de la Concatedral mide 45 metros de altura y va rematada con cerámica vidriada azul, un tono que el sol alicantino convierte en cobalto al mediodía. Es la pieza visible desde casi cualquier mirador del Benacantil, una linterna de piedra sobre los tejados rojos del Barrio de Santa Cruz. La cúpula sigue el orden dórico de la fachada y descansa sobre tambor circular: la lógica geométrica de Herrera, llevada al límite, sin permitirse un solo adorno superfluo.
La Capilla de la Comunión, otra liga
El edificio podría haberse quedado en eso, en pura austeridad, si en 1699 no se hubiera empezado a levantar la Capilla de la Comunión. Aquí cambia todo. Está considerada uno de los ejemplos más rotundos del alto barroco español: pequeño templo de planta de cruz griega, bóvedas de cañón en los brazos, cúpula sobre tambor con sección circular por dentro y octogonal por fuera. La decoración estalla, los yesos vuelan, los ángeles asoman entre frutos y cintas. Quien entra aquí después de pasear por la nave herreriana siente el contraste como un cambio de banda sonora: del silencio gregoriano a una sinfonía dorada.
El claustro y los limoneros
A un lado del templo, con acceso independiente, está el claustro. Un cuadrado casi perfecto de 31,10 metros de lado, conservado en parte del siglo XV, reconstruido a mediados del XVII y restaurado varias veces desde entonces. En el centro, durante siglos, hubo un huerto de limoneros y naranjos. Hoy el patio mantiene la calma vegetal del original. Si entras a primera hora de la mañana, oyes los pájaros antes que las campanas. Es el rincón menos conocido de la Concatedral y, probablemente, el más bello.
Cómo Alicante se hizo de San Nicolás
Para entender por qué este templo, y no otro, es la catedral simbólica de la ciudad, hay que volver al 6 de diciembre de 1244. Aquel día, festividad de San Nicolás, los musulmanes de Alicante entregaron la plaza al infante Alfonso, futuro Alfonso X el Sabio. El joven príncipe puso la ciudad bajo la protección del santo y ordenó levantar templo en su honor. Desde entonces, San Nicolás es patrón de Alicante. Cada 6 de diciembre la Concatedral celebra misa solemne y una procesión recorre el casco antiguo con un San Nicolás vivo a caballo. Como curiosidad para tus paseos: la figura del obispo de Mira, que aquí preside un retablo del último cuarto del siglo XVII, es la misma que siglos más tarde, en el norte de Europa, se transformó en Papá Noel.
De colegiata a concatedral
Hasta 1959, San Nicolás era oficialmente una colegiata. Aquel año, la bula del papa Juan XXIII, fechada el 9 de marzo, elevó la antigua diócesis de Orihuela al rango de Orihuela-Alicante, y la iglesia de San Nicolás pasó a compartir la cátedra episcopal con la catedral de Orihuela. De ahí su nombre: co-catedral, sede co-titular. Por dentro siguen viéndose huellas de aquel ascenso: el coro renovado, la cátedra del obispo en el ábside, los relicarios que han ido llegando a lo largo del último medio siglo. Entre ellos, el busto-relicario de Santa Felicitas, pieza gótica del siglo XV, descansa bajo el retablo central del deambulatorio.
Cuándo visitarla, dónde encontrarla
La Concatedral está en la Plaza del Abad Penalva, a dos minutos andando del Ayuntamiento y a cinco del Mercado Central. Se entra gratis. De lunes a viernes abre de 7:30 a 13:00 y de 17:30 a 20:30. Los sábados y vísperas de festivo, de 8:30 a 13:00 y de 17:30 a 21:00. Los domingos y festivos, de 8:30 a 13:30 y de 17:30 a 21:00. Conviene ir a primera hora o al atardecer: cuando entra luz oblicua por las ventanas altas, la piedra herreriana se llena de un dorado breve, y la nave parece ensancharse. Quédate diez minutos sentado en un banco lateral. Salir de la Concatedral después de ese rato, al ruido de la Rambla, es como volver a la superficie después de bucear.
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Fuentes
Foto de Sergio Guardiola Herrador en Unsplash ↗
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