Almuerzo alicantino: el ritual de las 10 con cremaet y bocata
Entre las 9 y las 11 de la mañana, Alicante se sienta a la terraza. Bocata de blanc i negre, picaeta de altramuces y un cremaet de café con ron quemado.
Las 9:45 de la mañana en la calle San Fernando. Las persianas de hierro de los bares acaban de subir, una mujer riega los geranios del balcón de enfrente y, al fondo, huele a café tostado y a longaniza dorándose en plancha. Diez minutos después, las terrazas de la avenida General Marvá están llenas de albañiles, oficinistas con la camisa fuera, abuelos con boina y madres jóvenes con los carros del Mercado Central aparcados al lado de la silla. Nadie tiene prisa. Es la hora del almuerzo, y en Alicante eso no significa la una y media: significa entre las 9 y las 11.
El almuerzo alicantino, o esmorzaret en valenciano, es la pausa que rige el día. Un bocadillo, una picaeta, una cerveza pequeña, un cremaet para cerrar. Mientras Madrid corre y Barcelona desayuna en silencio, aquí se almuerza fuerte a media mañana y se cena ligero a las diez de la noche. Si te mudas a la provincia y empiezas a entender por qué hay tanta gente sentada en una terraza a las 10:30 entre semana, has captado algo importante sobre cómo vive realmente esta ciudad.
De los jornaleros de l'Horta al bar de barrio
La historia empieza en el siglo XIX, en los campos que rodeaban Alicante: la huerta que se extendía desde el Pantano de Tibi hasta los huertos de cítricos junto a las acequias. Los jornaleros salían a trabajar al amanecer, partían leña, removían tierra, regaban a mano. Hacia las nueve, el cuerpo pedía algo serio. Paraban en los bares que jalonaban los caminos rurales, sacaban del zurrón una hogaza, pedían vino con gaseosa y un poco de embutido, y reanudaban la jornada a las once.
Cuando la huerta retrocedió y la ciudad creció, el rito no desapareció. Bajó al barrio. Los bares del entorno del Mercado Central, de Carolinas, de San Blas, del Pla del Bon Repòs heredaron la costumbre y la sirvieron, ya sin tierra debajo de las uñas, a maestros, dependientes, funcionarios. Es una de las pocas tradiciones obreras valencianas que ha sobrevivido intacta a la oficina y al café para llevar.
La picaeta: el preámbulo serio
Antes del bocata llega la picaeta. Una bandeja pequeña, normalmente compartida, con altramuces, aceitunas partidas, cacahuetes salados, pepinillos, a veces unos boquerones en vinagre o un cuenco de habas tiernas. La acompaña una caña fría (200 ml en Alicante, no la jarra catalana) o, más tradicional, vino blanco con gaseosa, lo que aquí llaman «blanco y blanco». Si quieres parecer del barrio, pide una mistela, el dulce local.
La picaeta no es decoración. Es el ritual de bajar el ritmo, de hablar con quien tienes al lado, de no entrar a saco al bocadillo. Cinco minutos para cebar la conversación.
El bocata: blanc i negre y otras certezas
El protagonista. Bocadillo de pan crujiente (panadería de barrio, no industrial) relleno de algo serio. El más clásico es el blanc i negre: longaniza blanca y morcilla negra a la plancha, con un toque de allioli si te apetece. Otros fijos: secreto ibérico con pimientos, lomo con queso, sobrasada con miel, tortilla con cebolla, magra con tomate. Tamaño: dos manos. El almuerzo no se hace con miniaturas.
En las versiones más cuidadas, el pan es coca, esa hogaza plana valenciana de corteza dura y miga prieta. Algunos bares la hornean por la mañana solo para el almuerzo y se acaba antes de las once.
El cremaet: el final que recuerdas
El golpe final es un café que no se parece a ninguno. Se llama cremaet. La leyenda popular dice que un castellonense vuelto de Cuba a finales del XIX le echó ron al café, y de ahí salió. Se prepara así: en una copa pequeña se calientan unos 40 ml de ron, una piel de limón, una rama de canela, granos de café y azúcar. Se flambea medio minuto, hasta que el azúcar se caramelice. Sobre esa base se vierte un espresso corto. El resultado tiene tres capas: el ron quemado abajo, el café arriba, y una espuma sutil entre ambos. Te lo sirven en copa caliente y huele a Mediterráneo y a sobremesa larga.
El cremaet no es opcional. Cierra el almuerzo. Sin cremaet has desayunado, no has almorzado.
Dónde tomarlo en Alicante
Tres direcciones para empezar, distintas de alma:
Bar El Ferrao. Calle Juan de Herrera 24, a tres calles del Mercado Central. Abierto desde 1963, sin reforma, sin Instagram, con la barra de zinc original y el camarero que te llama por tu nombre desde la segunda vez que entras. Bocata de blanc i negre legendario. Llegas a las 9:30, te sientas en la barra y no necesitas carta.
Nou Pinet. Calle Buenavista 72, barrio de San Gabriel. Abre de miércoles a sábado de 9 a 13. La tortilla de patata de Dana Rotaru fue finalista del Campeonato Nacional. Versiones que no esperas: tortilla con alcachofa y trufa negra, chistorra con cebolleta. Quince minutos en autobús desde el centro, merece el viaje.
Barra Central. Dentro del Mercado Central, en el corazón del edificio modernista de 1921. Abre de 9 a 15, de lunes a sábado. Los puestos a tu espalda venden el pescado que tu vecino se está comiendo. Producto del mismo día. Es la versión "gourmet" del esmorzaret sin perder calle.
Si quieres ver el fenómeno en escala plena, fíjate que en la última edición del concurso «Som esmorzadors» de Amstel, 38 bares de la provincia (de Alcalalí a Xàbia, pasando por Calpe, Dénia, Pego, Ondara) se presentaron al premio al mejor bocadillo. Aquí almorzar es deporte serio.
Lo que cuesta y lo que dura
Precio normal en barrio: entre 6 y 9 € por picaeta más bocadillo más cremaet. En el centro o en sitios de moda sube a 10-12. Tiempo: 45 minutos si lo haces a conciencia, 25 si vas con prisa. Pero la prisa no es el espíritu. El almuerzo es la oposición civil al desayuno funcional. Aquí se viene a parar, no a alimentarse.
Por qué importa cuando te mudas
Quien viene de fuera tarda unas semanas en entender que las calles a las 10:30 no están vacías por casualidad: están llenas, pero en las terrazas, no en las oficinas. Si vas a vivir en Alicante, el almuerzo es la puerta de entrada al ritmo real de la ciudad. Es donde se cierran tratos pequeños, donde el portero se hace amigo del fontanero, donde los abuelos pasan la mañana sin sentirla larga. Aprender a almorzar es aprender a vivir aquí.
Si estás explorando dónde establecerte y quieres conocer barrios con bares de toda la vida como El Ferrao o la energía del Mercado Central, puedes explorar nuestras propiedades o contáctanos: te enseñamos las zonas que mejor encajan con la vida lenta de mediodía.
Fuentes
- Cremaet: cómo se prepara el café más aromático, Comunitat Valenciana
- Mercado Central de Alicante: historia y tradición, Comunitat Valenciana
- La ruta del almuerzo en Alicante, TodoAlicante
- 38 bares de la provincia se postulan a mejor almuerzo, Alicante Plaza
- Esmorzaret: qué es, origen y a qué hora se toma, Telecinco
- La Huerta de Alicante, siglos XIX-XX, TERRA
Foto de Vitalii Kyktov en Unsplash ↗
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