Bucear en la Costa Blanca: tres reservas marinas a tu puerta
Tabarca, Sierra Helada y el cabo de San Antonio. Tres reservas marinas a lo largo de la costa, una vida de inmersiones a un paseo de tu casa.
Son las siete y media de la mañana en el puerto de Santa Pola y la luz cae plana sobre los pantalanes. El barco está cargado, el chequeo de equipo terminado, y a la primera bocanada de salitre se entiende por qué tantos extranjeros que llegan a Alicante con la idea de comprar un piso terminan por sacarse el carnet de buceo. La salida hacia Tabarca dura veinte minutos. Para cuando el patrón apaga el motor sobre la Llosa, el reloj marca las ocho y media y el Mediterráneo está liso como un plato.
La Costa Blanca tiene un secreto que no se ve desde la ventana. Bajo el azul postal que aparece en los reportajes turísticos hay tres reservas marinas, declaradas en momentos distintos, separadas por menos de cien kilómetros, y juntas forman uno de los parques submarinos más densos del Mediterráneo occidental.
Tabarca: cuarenta años de inteligencia artesanal
El 4 de abril de 1986 el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación firmaba la orden que creaba la primera reserva marina pesquera de España, en torno a la isla de Tabarca, frente al cabo de Santa Pola. Lo pidieron los cofrades de Santa Pola para frenar el saqueo de redes ilegales y barcos foráneos. Cuatro décadas después, los biólogos del Ministerio hablan de una densidad de peces en los caladeros vecinos comparable a la de los años setenta, y los pescadores artesanales, los únicos autorizados a faenar dentro, viven de una flota que apenas rebasa la docena de barcas.
Los números: 1.754 hectáreas, divididas entre la reserva integral del Bajo de la Llosa, la más oriental, con prohibición casi total de extracción, y áreas de uso restringido. La gestión está partida entre el Estado (aguas exteriores, donde se concentran los puntos de buceo) y la Generalitat Valenciana (aguas interiores, las más cercanas a la costa). En 2019 el Ministerio actualizó el régimen con la Orden APA/102/2019, que es la que rige hoy el cupo de inmersiones, las dos zonas autorizadas (la Nao y la Llosa), los doce buceadores máximo por embarcación y las dos inmersiones por persona y día. Anclar fuera de los muertos ecológicos, recoger cualquier organismo o pescar en cualquiera de sus formas está prohibido.
Cabo de San Antonio: paredes verticales en la Marina Alta
Cien kilómetros al norte, entre Dénia y Jávea, el cabo de San Antonio cae al agua con paredes que rondan los noventa metros. Fue declarado reserva natural el 9 de noviembre de 1993 y reserva marina al año siguiente, mediante la Ley 11/1994 de la Generalitat. El plano vertical es lo que lo distingue: en pocos minutos pasas de un techo de luz a oscuridad, atraviesas cuevas tapizadas de coral rojo y esponjas amarillas, y vuelves con la sensación de haber bajado mucho más de lo que marca el ordenador. La barca sale en quince minutos desde el club náutico de Jávea. Está prohibido fondear (se usan boyas ecológicas), pescar a recreo y mover embarcaciones a motor sin autorización.
Sierra Helada: el primer parque marítimo-terrestre valenciano
Entre Benidorm, Alfaz del Pi y Altea, el frente de Sierra Helada es la pared más alta de la costa mediterránea peninsular: trescientos metros verticales de acantilado que se asoman al mar y bajan al menos otros cuarenta bajo el agua. El parque natural se declaró el 29 de julio de 2005 y fue el primero marítimo-terrestre de la Comunidad Valenciana, con 5.564 hectáreas en total y 4.920 marinas. La duna fósil colgante en su pared sur es uno de los pocos vestigios del último glaciar que se conservan en el Mediterráneo occidental. Bajo el agua: bloques caídos, cuevas sumergidas, cardúmenes de bogas y obladas, y una luz lateral que entra por las paredes y dibuja sombras largas a quince metros. Las salidas se organizan desde Benidorm o desde el puerto de Altea.
Lo que ves cuando te acomodas a treinta metros
La pradera de Posidonia oceanica empieza a dos brazadas de la superficie. No es un alga: es una planta marina endémica del Mediterráneo, con raíz, tallo, hoja y flor, y según el Ministerio para la Transición Ecológica una hectárea de pradera fija quince veces más dióxido de carbono que la misma extensión de selva amazónica. La Costa Blanca concentra más posidonia que el resto del litoral valenciano por geomorfología: bahías recogidas, fondos arenosos pegados a la roca, agua transparente.
Encima de la pradera baila la fauna. Salpas en bandadas plateadas, doradas y sargos, pulpos curiosos que salen del refugio cuando huelen calma, sepias en el cortejo de mayo, morenas asomadas en las grietas. Y, con paciencia, el animal que más ilusión hace ver: el mero (Epinephelus marginatus), un serránido que puede superar el metro y los cuarenta kilos, vive medio siglo, y volvió a ser frecuente en Tabarca tras décadas en las que la pesca submarina lo había hecho casi invisible. La Lista Roja de la UICN lo cataloga como especie amenazada en el Mediterráneo. Aquí, paciente y quieto, se acerca.
Temporada, papeles y forma física
El agua nunca está caliente como en las Baleares en agosto: catorce grados en febrero, dieciséis en abril, veinticinco a finales de julio, veintidós en octubre. La temporada cómoda con traje de cinco milímetros va de junio a noviembre. Con semiseco se bucea bien todo el invierno y la visibilidad de enero, sin algas en suspensión, suele ser la más limpia del año. Para entrar en cualquiera de las tres reservas hace falta acreditar titulación de buceo recreativo (Open Water o equivalente, PADI, SSI, ACUC, FEDAS o entidad reconocida) y solicitud previa. Los particulares en aguas autonómicas piden con quince días de antelación a la Conselleria; los centros de buceo tramitan autorizaciones anuales y agrupan al cliente bajo su licencia. La Orden APA/126/2019 fija un código de buceo recreativo responsable obligatorio en reservas estatales: ni guantes, ni linternas potentes apuntando a la fauna, ni acercamientos por debajo de un metro a especies vulnerables.
Cómo cambia la vida cuando vives a quince minutos del barco
Hay quien compra una casa con vistas al mar y solo lo mira desde la terraza. Y hay quien descubre que vivir en la costa significa que el sábado por la mañana, en lugar de ir al gimnasio, baja al puerto deportivo más cercano (El Campello, Alicante, Santa Pola, Calpe, Dénia, Jávea, Altea), se mete al neopreno y a las once está en cubierta con un café. Que en el coche van la bombona y las aletas como en otras vidas iba el bolso del pádel. Que las amistades nuevas, esas que cuesta tanto encontrar en una mudanza, surgen junto al compresor del centro. No es un deporte caro si se compara con la vela o el golf, no exige forma física extrema, y tiene la rara cualidad de imponer silencio: cuarenta minutos sin móvil, sin conversación, sin pantallas. Solo el ruido del aire propio. Si vienes de Madrid, Berlín o Manchester, ese silencio cuesta de encontrar. Aquí está, a veinte minutos de barco y a quince metros de profundidad.
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Fuentes
- BOE: Orden de 4 de abril de 1986, creación de la reserva marina de Tabarca
- BOE: Orden APA/102/2019, regulación actual de la reserva marina de Tabarca
- BOE: Orden APA/126/2019, criterios de buceo recreativo responsable en reservas marinas
- Ministerio de Agricultura: características de la reserva marina de Tabarca
- Reserva natural del Cabo de San Antonio
- Parque natural de la Sierra Helada
- Ministerio para la Transición Ecológica: ficha de Posidonia oceanica
- Comunitat Valenciana: ficha del mero mediterráneo
- COPE: cuarenta años de la reserva marina de Tabarca
Foto de teddy didova en Unsplash ↗
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