Casa ubicada el paraje del Barranc de Horta de Torremanzanas
Torremanzanas, Alicante
Descripción
Es una finca de 23 hectáreas y reformada en el año 1987 a escasos 6 kilómetros del pueblo de Torremanzanas (Alicante). La Finca es totalmente autosuficiente ya que dispone de pozo de agua propio y placas solares con aerogenerador. La vivienda se distribuye en dos plantas con un total de 435 m² construidos distribuidos entre vivienda, porche y garaje. En planta baja encontramos un amplio recibidor y a su vez distribuidor que da acceso a la vivienda, el garaje con la sala de máquinas y conecta con la terraza trasera. En la vivienda encontramos una zona de lavandería y despensa, un aseo con ducha, un despacho con una pequeña naya, cocina abierta con office, salón comedor con chimenea y acceso a una terraza acristalada orientada a oeste y las escaleras de acceso a la primera planta. En la planta primera encontramos 1 dormitorio con armarios empotrados y baño en suit con bañera, 3 dormitorios dobles con armarios empotrados, 1 baño con ducha y un dormitorio sencillo con salida a una terraza orientada al este. Desde el salón de planta baja se accede a la terraza acristalada y de ahí a una terraza abierta abancalada con una barbacoa y un horno de leña. Desde aquí también se accede al huerto con riego automático, al minigolf, al campo de juegos, a la piscina con depuradora exterior de fácil acceso y manta térmica, a la zona de gallinero y árboles frutales con cerezos, manzanos, albaricoques, melocotones, perales, nísperos, naranjos, mandarinos y caquis. En diferentes puntos de la parcela podemos encontrar unos bancos colocados estratégicamente para poder disfrutar de unas bonitas vistas panorámicas del entorno. Pavimento general de gres imitación barro, paredes lisas, carpintería exterior de aluminio con Climalit y mosquiteras, carpintería interior en madera. El agua caliente, así como la cocina, funciona mediante gas butano de bombonas. La calefacción es mediante estufas de pellets y dispone de 4 unidades distribuidas por toda la vivienda. También dispone de acumuladores de calor y calienta toallas que funcionan gracias a la energía que proporcionan las placas solares. La vivienda dispone de un pozo homologado y legalizado propio con conducción dotada de filtros a las balsas que mediante bomba hidráulica traspasa el agua al depósito de agua de la vivienda. También tiene un sistema de recogida de agua de lluvia de las cubiertas en 8 tinajas de 500 litros cada una. La luz es mediante sistemas de placas solares con aerogenerador y baterías, todo ello automatizado, aunque también está conectado a la red general. La finca de 23 hectáreas está compuesta de varias parcelas de diferentes tamaños con una variedad de arbolado como almendros, olivos, pinares y matorral. La finca se encuentra en pleno rendimiento y se recoge tanto oliva (una media de 4.000 kg al año con un rendimiento medio de 800 litros de aceite) como almendra de las variedades Marcona y Mollar. Torremanzanas es un apacible pueblo del interior de Alicante, a unos 40 minutos de Campello y sus playas. Su entorno es de media montaña (800 metros de altitud), muy arbolado, agrario e increíblemente natural. Ideal para los enamorados de la naturaleza. Goza de todos los servicios básicos necesarios (panaderías, bares, restaurantes, banco, centro de salud, carnicería, supermercado, mercado, etcétera…) y de unos 800 habitantes. Es de fácil acceso desde la carretera comarcal de Jijona
Detalles
- Dirección
- Torremanzanas, Alicante, 03108
- Tipo
- Villa
- Planta
- 2
- Año de construcción
- 1987
Características
Sobre Torremanzanas
Foto: bladimiro
Torremanzanas, un pueblo de montaña a un paso de Alicante
Torremanzanas, la Torre de les Maçanes en valenciano, es un pueblo del interior de Alicante que reposa a unos 790 metros de altitud, en las estribaciones de la Carrasqueta y la sierra de Aitana. Está a unos 40 kilómetros de la capital, algo menos de una hora por carretera de montaña, y aun así aquí el ritmo cambia por completo: apenas setecientos cincuenta vecinos, aire limpio y veranos más frescos que en la costa. Es la Costa Blanca que muchos no esperan, la de los valles cerrados, los almendros y el silencio.
Sierra, bosque y senderos
El término se despliega en un valle estrecho tallado por la rambla de Torremanzanas, entre laderas de pino y carrasca. Desde parajes como Els Plans o El Rentonar se abren vistas largas hacia Aitana, el Puig Campana y, en los días claros, hasta el mar. Es tierra de caminar: sendas que suben a los altos, antiguos caminos entre masías y noches de cielo despejado en las que se ven muchas más estrellas que abajo. Para quien busca naturaleza cerca de Alicante sin renunciar a nada, este rincón cumple.
La sierra de Aitana desde Els Plans, Torremanzanas. Foto: bladimiro / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)
La torre, la nieve y la piedra
El nombre del pueblo viene de la Casa Alta, una torre de origen almohade de los siglos XII y XIII que aún preside el casco antiguo. Junto a ella, la iglesia de Santa Ana, levantada a finales del siglo XVI, marca el corazón del pueblo con su campanario. Más arriba, en la sierra, sobrevive el Pozo de la Nieve, una de esas neveras o cavas donde antaño se guardaba el hielo del invierno para bajarlo luego a la ciudad. Calles empinadas, casas encaladas y piedra vista completan un conjunto que se recorre despacio.
La iglesia de Santa Ana asoma al fondo de una calle del pueblo. Foto: 19Tarrestnom65 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
Fiestas y sabor de secano
La vida aquí sigue el calendario de las fiestas. San Gregorio en mayo, Santa Ana a finales de julio y la Asunción a mediados de agosto llenan las calles de música, pólvora y reencuentros. La cocina es de montaña y de secano: la almendra, el aceite y lo que dan la huerta y el monte, con la miel de la sierra como pequeño tesoro local. Se come con calma y se conversa en la plaza, que ya es media fiesta.
Cómo llegar y moverse
Se sube a Torremanzanas por carretera de montaña, con Xixona como puerta natural de camino a Alicante y con Alcoi al otro lado de la sierra. El coche es el mejor aliado: en menos de una hora se planta uno en la capital, en su aeropuerto o en las playas de El Campello y San Juan, y al volver espera un pueblo tranquilo. Esa doble vida, montaña para vivir y costa a mano, es buena parte de su encanto.
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