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Fondillón de Alicante: 10 años en solera y 11 bodegas únicas

El Fondillón solo se elabora con monastrell sobremadurada en cepa y madura un mínimo de 10 años en solera. En Alicante apenas 11 bodegas lo producen.

26 de mayo de 20265 min de lectura
a row of wine barrels in a wine cellar

Hay un vino que casi no sale de Alicante y que, sin embargo, llegó a las cortes de media Europa. Se llama Fondillón. Lleva al menos diez años durmiendo en barrica antes de salir al mundo, y en toda la provincia solo once bodegas tienen permiso para elaborarlo.

Si vives en la Costa Blanca o piensas en hacerlo, este vino es una de esas cosas que cuentan. Cuenta de dónde vienes y, sobre todo, dónde estás.

Un vino que reposa diez años en solera

El reglamento de la Denominación de Origen Protegida Alicante es claro. El Fondillón se elabora solo con uva monastrell. La uva tiene que sobremadurar en la propia cepa, perder agua bajo el sol del verano alicantino y concentrar azúcares hasta llegar a un mínimo de 16 grados de alcohol natural, sin añadidos.

Después viene la espera. Diez años, como mínimo, en sistema de criaderas y soleras. En la solera, cada año se saca una parte del vino más viejo y se rellena con otro más joven, de modo que en la copa terminas bebiendo capas de muchas vendimias a la vez. Ningún Fondillón puede llevar menos de cuatro años cuando entra a rellenar, y los rellenos están topados al 20 por ciento anual.

La uva que aguanta el sol

La monastrell es la pieza que lo explica todo. Es una variedad de piel gruesa y dura, brotación tardía y maduración lenta, capaz de quedarse en la cepa hasta noviembre sin estallar. Solo prospera donde el verano castiga: el interior de Alicante, la zona del Vinalopó Medio, entre Monóvar, Pinoso, Algueña y El Mañán, con viñedos plantados entre 200 y 500 metros de altitud.

El suelo es duro, calcáreo, con poca humedad. La lluvia escasea. Esa dureza, paradójicamente, es lo que produce racimos pequeños, intensos, llenos de azúcar y de carácter. La uva se cosecha cuando ya pasa de madura, casi pasificada en la rama.

El vino que bebió Luis XIV

El Fondillón no nació en un brief de marketing. Aparece documentado en el siglo XV. En 1510 Fernando el Católico prohibió la entrada en Alicante de vinos de otros lugares para proteger la producción local, y en 1596 Felipe II confirmó el privilegio. Durante 250 años, el comercio del vino alicantino se rigió por ese decreto.

Luis XIV de Francia pidió, en su lecho de muerte en 1715, bizcochos mojados en vino de Alicante. Cervantes lo cita. Shakespeare también. Y Alejandro Dumas, en El conde de Montecristo, hace que su protagonista elija Fondillón por delante del jerez y del oporto. Defoe, Dostoievski, Salgari, Azorín. La lista es larga y, por una vez, no es leyenda local: las botellas viajaban a Inglaterra, a Escocia, a Flandes y al Rin durante los siglos XVI a XIX.

Luego vino la filoxera, las dos guerras mundiales, la sustitución del consumo de vinos dulces por otros licores, y el Fondillón pasó de moda. Estuvo a punto de desaparecer del todo a mediados del siglo XX.

Solo once bodegas hoy

De las más de cincuenta bodegas inscritas en la DOP Alicante, únicamente once están autorizadas a elaborar Fondillón. La lista incluye Bodegas Monóvar, Primitivo Quiles, Bocopa, Las Virtudes, Santa Catalina del Mañán, Vinos de Algueña, Bodegas Alejandro, Bodegas Culebrón y Bodegas Francisco Gómez, entre alguna otra.

Primitivo Quiles, en la calle Mayor de Monóvar, conserva una solera viva iniciada en 1948 que sigue rellenándose cada año. Es una de las soleras más antiguas en activo de España. La bodega como tal no abre al público, pero la tienda sí, y allí puedes llevarte una botella de Solera 1948 por unos 29 euros.

Bodegas de Monóvar, en la misma localidad, sí ofrece visita guiada con cata. La cata se hace en una pequeña sala interior llamada La Sacristía, donde reposan los barriles más antiguos. Las visitas suelen costar entre 10 y 30 euros por persona dependiendo del formato.

Cómo se bebe

El Fondillón no es un vino para acompañar la cena entera. Es vino de sobremesa. Se sirve a 14 o 16 grados, en copa pequeña, y se bebe a sorbos. Aguanta perfectamente con un chocolate negro, con higos secos, con una tarta de almendra de los pueblos del Vinalopó o, como hacían en el siglo XVIII, con un bizcocho seco que se moja brevemente. Algunos lo recomiendan con queso curado de oveja del interior.

El precio en bodega oscila entre los 25 y los 80 euros la botella de 50 cl, según la edad efectiva de la solera. Las ediciones de más de 30 años pueden superar los 200 euros. No es un vino de batalla. Es un vino que se compra para una ocasión y, normalmente, no se acaba en una sola tarde.

Por qué importa, si estás mirando casa por aquí

El Fondillón explica algo de la provincia que no aparece en la guía turística. Hay un interior agrícola, seco, poblado de pueblos pequeños, con bodegas familiares que llevan cuatro o cinco generaciones haciendo las cosas igual. Monóvar, Pinoso, Algueña, Salinas, Sax, Petrer. Están a menos de una hora del aeropuerto de Alicante y a 40 minutos de la playa.

Es otra Costa Blanca. Más callada, con casas de piedra, con olor a tierra caliente, con viñedos viejos que en octubre tiñen el paisaje de ocre. Para quien busca un segundo hogar fuera del bullicio costero, o un campo con casa para el fin de semana, el Vinalopó Medio merece una visita antes de descartarlo.

Si quieres conocer las zonas del interior alicantino, puedes explorar nuestras propiedades o contáctanos y te enseñamos los pueblos del Vinalopó que aún conservan ese silencio.

Fuentes

Foto de David Goldman en Unsplash

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