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Palmeral de Elche: 200.000 palmeras Unesco a 20 km de Alicante

500 hectáreas de palmeras datileras, acequias del siglo X y la Lista de la Unesco desde 2000. Así se camina por el oasis árabe a 20 km de Alicante.

22 de mayo de 20266 min de lectura
a group of palm trees with a sky background

Llegas desde Alicante por la A-7, sales en Elche y de pronto el horizonte cambia. Donde antes había asfalto, ahora hay penachos verdes que se mecen como banderas: más de 200.000 palmeras datileras que cubren la ciudad. Es el Palmeral de Elche, el bosque urbano más insólito de Europa, y lleva casi mil cien años regándose con el mismo agua salada del Vinalopó.

No es un parque. Es una ciudad construida dentro de un oasis. Las calles avanzan entre huertos amurallados, los hoteles miran a los troncos rugosos, los colegios tienen palmeras en el patio. En noviembre del año 2000 la Unesco lo declaró Patrimonio de la Humanidad y desde entonces el mapa cultural de la Costa Blanca no se entiende sin él.

Una herencia árabe del siglo X

La historia empieza con Abderramán I y la fundación de la Elche islámica en el siglo X. Los musulmanes traen consigo la Phoenix dactylifera, la palmera datilera del norte de África, y se enfrentan a un problema: el río Vinalopó arrastra agua tan salada que ninguna huerta convencional sobrevive. La respuesta es ingeniería pura. Plantan palmeras en hileras, cada una marcando el borde de una parcela, y dentro siembran granados, alfalfa, hortalizas. Las palmeras hacen sombra, retienen humedad, frenan el viento. Es el efecto oasis, llevado a escala urbana.

El palmeral entero ocupa hoy unas 500 hectáreas, divididas en el palmeral histórico (148,9 ha, justo en el casco urbano) y el palmeral disperso (358,5 ha, salpicado por el término municipal). En tiempos andalusíes era aún mayor. Según el Ayuntamiento de Elche, los dátiles ilicitanos llegaron a considerarse de los mejores de Al Ándalus y se exportaban hasta Damasco.

Acequias que llevan mil años funcionando

El secreto sigue siendo el agua. Los árabes excavaron una red de acequias que recogía el Vinalopó aguas arriba, decantaba la sal en balsas y distribuía el líquido por gravedad hasta cada huerto. Los nombres todavía están vivos en el callejero ilicitano: Acequia Mayor, Acequia de Marchena. Cuando los cristianos llegaron en el siglo XIII no tocaron el sistema. Lo heredaron tal cual y siguieron regando con él.

Mil cien años después, el agua sigue circulando por los mismos cauces. En primavera, cuando el caudal sube, las compuertas se abren a horarios pactados entre los propietarios. Es la misma asamblea hidráulica que organizaron los musulmanes: cada huerto tiene un turno, medido por minutos. Pocos lugares del mundo conservan un sistema agrícola medieval en uso, y Elche es uno de ellos.

Una palmera con nombre de emperatriz

Si solo tienes una tarde, ve al Huerto del Cura. Es un jardín de 13.000 metros cuadrados con cerca de mil palmeras, declarado Jardín Artístico Nacional en 1943. Dentro vive la estrella del palmeral: la Palmera Imperial, una Phoenix dactylifera de unos 165 años con siete brazos saliendo del tronco principal a metro y medio del suelo. Pesa cerca de diez toneladas.

Su nombre lo puso, indirectamente, Sissi. En 1894 la emperatriz Elisabeth de Baviera visitó el huerto, quedó fascinada con la palmera de siete brazos y sugirió bautizarla. El capellán que la cuidaba la llamó «Imperial» en su honor. Hoy es probablemente la palmera más fotografiada de España.

El museo, la basílica y un drama del siglo XV

Para entender lo que estás viendo conviene parar en el Museo del Palmeral, en la calle Porta de la Morera 12. Está dentro de un huerto restaurado, abre de martes a sábado de 10 a 14 y de 15 a 18, los domingos solo por la mañana, y cuesta un euro entre semana. Los domingos por la mañana la entrada es gratuita. En tres salas explica el origen árabe, el sistema de regadío y cómo se trenzan las palmas blancas que se reparten cada Domingo de Ramos.

A diez minutos a pie está la Basílica de Santa María. Allí, cada 14 y 15 de agosto, se representa el Misteri d'Elx, un drama sacro cantado en valenciano que la Unesco proclamó Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en 2001. Lleva en cartel sin interrupción desde el siglo XV. Más de trescientos voluntarios sostienen la función cada año: cantores, escenógrafos, costureras, técnicos de tramoya. Si coincides con esas fechas, no tienes que pagar entrada para verlo.

Cuándo ir y qué se siente al andarlo

La mayor parte del Palmeral es de acceso libre y no tiene horario. Puedes entrar al Parque Municipal, atravesar el Hort del Gat o seguir el Paseo de la Estación entre palmeras a cualquier hora. La mejor luz cae a media tarde, cuando los troncos proyectan rayas largas sobre la tierra. En marzo huele a azahar de los granados; en septiembre, a dátil maduro que cae al suelo y nadie recoge.

Para acercarse desde Alicante hay tres opciones limpias. En coche son veinte minutos por la A-7 o la N-340. En Cercanías Renfe, la línea C-1 conecta la estación de Alicante Terminal con Elche Parque en treinta minutos. El billete sencillo cuesta poco más de tres euros. El aeropuerto Alicante-Elche queda a diez kilómetros del centro de Elche; un taxi al palmeral son unos veinte euros.

Por qué importa cuando piensas en vivir aquí

Elche es la tercera ciudad más poblada de la Comunidad Valenciana, con cerca de 235.000 habitantes, y forma con Alicante un eje urbano continuo. Vivir aquí significa tener un patrimonio Unesco al final de tu calle. Significa que tus hijos jueguen entre palmeras de doscientos años y que tu paseo de tarde atraviese una huerta islámica. La frontera entre ciudad y oasis se borra: muchas viviendas del casco urbano tienen palmeras dentro del jardín, protegidas por la misma ley que protege la Basílica.

El sur de la provincia ha cambiado de ritmo en la última década. Buena parte del residencial nuevo busca esa mezcla extraña que solo Elche ofrece: aeropuerto a quince minutos, playas a doce kilómetros, AVE a Madrid desde Alicante en dos horas y media y, al fondo, el bosque de palmeras que los árabes plantaron mientras Europa todavía construía iglesias romanas.

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Fuentes

Foto de Frames For Your Heart en Unsplash

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